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Blogs - joXe's blog - Posts
30 January, 201030 January, 2010 0 comments Relatos Relatos

El Lunes pasado entró mi hijo por la puerta con ese brillo en los ojillos que irremediablemente significa, ¡papá te quiero sacar la pasta! Acompañada de una sonrisilla mitad coña mitad colega su expresión era exultante, se le veía pleno de decisión, como un misil directo a su objetivo siempre decidido y lleno de energía como un capitán en mitad de la tempestad dando órdenes sin vacilar.
Como siempre antes de la tempestad, una extraña calma hace presagiar que algo está por acontecer. Demasiada calma pensé yo, y por desgracia estaba en lo cierto. Venía con una revista bajo el brazo que por la fotografía de portada supuse entreví que versaba sobre ciclismo o al menos sobre bicicletas puesto que el protagonista estaba volando por los aires cabeza abajo.

Sentía verdadera curiosidad así que entablé conversación utilizando la revista como gancho. Al parecer era una revista de “freeride” que luego me enteré es una especie de ciclismo pero a lo bestia como los de los vídeos de primera esos que siempre salen comiéndose un árbol. Lo que vi en esa revista empezó a inquietarme porque si mi angelito me estaba enseñando aquello es que su maléfica intención era de alguna manera meterse en esos arrozales y que su papaíto, osea el menda financiara la misión especial.

Me consta que un compañero de trabajo metido en años y en carnes, porque está el hombre como un lechón, sale los fines de semana con un grupito de puretillas a dar un paseo por el monte con las mountain bikes aunque imagino que eso nada tiene que ver con la moto que mi pequeño me estaba enseñando.

Hábilmente conseguí hacerme con ese panfleto malicioso que se titulaba “Wallride Magazine” algo así como la revista de los que andan por las paredes. Dos cosas me alarmaron, la primera la negra sospecha de que el rapaz corría un serio peligro practicando aquellas maniobras, lo cual con lo que nos ha costado a mami y a papi la ortodoncia pues como que no mola nanai del paraguay. La segunda cosa me puso los pelos de punta y es ver los precios del equipamiento del modelo que salía por todas partes de la revista. Un joven con aspecto de vivir del cuento y no dar un palo al agua en su vida, enfundado en una colección de prendas deportivas, de las cuales ninguna bajaba de los 90 Euros.

Como el padre conserva su afición al surf y junto con mamá el niño y la niña nos pasamos todos los años una o dos buenas semanas en la nieve resulta que mis posibles argumentaciones para disuadir al pequeño en base a los riesgos o los precios elevados no van a ser muy bien recibidas. ¡Ay Que joderse con la vida sana, si lo se me dedico a ver fútbol y a darle 20 napos para que se los gaste en botellones el find de semana!

Con la habilidad de un mercader judío, Alan, que así se llama el peque, como un tío suyo que vive en USA, me conminó a visitar una tienda de bicicletas para que fuéramos “sólo a ver” el equipamiento que aquel deporte precisaba. Habiendo negociado la semana pasada la compra de una flota nueva de camiones de reparto con unos tíos de dientes afilados me consideré capacitado para dominar la situación así que tomé la iniciativa y le dije: “muy bien mañana por la tarde iremos a esa tienda”

A las seis de la tarde del Martes, acojonado como todo Español común estos días por no saber si el banco me va dejar en calzoncillos a cuenta de la crisis mundial que el majadero de Bush a desatado, recogí a Alan a la puerta del colegio y nos fuimos directos a la tienda de bicicletas.

Allí nos recibió un joven al que indicamos que queríamos ver una bicicleta de mountain bike. Inmediatamente nos preguntó qué modelo de bicicleta queríamos a lo que yo le insistí que una de esas de monte. Pero mi dominio de la situación duró poco ante mi palurdez en materia de velocípedos. Una sarta de palabrejas: Enduro (como las motos) style no se que, bmx que a mi me sonó a referencia de un microprocesador y recordé la palabreja “freeraid” o algo así de la revista. Así que existen diferentes tipos de bici de monte. Perfecto, acto seguido entramos en harina de otro costal. Que si con suspensión o sin ella que el amortiguador “inteligente” (no sabía yo que los había estúpidos) y que si horquilla normal o de “doble pletina”.

Alan se desenvolvía con absoluta soltura mientras yo hacía unos minutos que permanecía en un discreto silencio intentando adivinar lo que ponía en las diminutas etiquetas de los precios sin que ellos se dieran cuenta: inútil el texto era imposible de leer. Aquel niño sabía más de bicicletas que el propio vendedor.

En un momento dado la elección pareció estar enfocada hacia lo que se clasifica como una “bicicleta de descenso” con la cual al parecer no se pude subir la cuesta monte arriba, algo que acabó por romper mis esquemas. Seguí observante.

El vendedor entró a la yugular y empezó a disparar como en el tiroteo de la película Heat, proponiendo una serie de marcas y modelos que se adaptaban perfectamente a las exigencias de Alan incluso eran aptas para la competición y la guerra de los mundos si era necesario. Alan mostró un entusiasmo al oír dos marcas en concreto, lo que enfocó la lengua del comercial como un láser dirige a una bomba a su único objetivo: ¡MI CARTERA!

En ese momento decidí que era momento de hablar de cifras y aquí queridos lectores y amigos es cuando de repente me sentí como hace dos años cuando estaba surfeando en Sopelana y una serie de dos metros me cayó encima de la cabeza. Un tsunami de precios se abalanzó sobre mi con la fuerza demoledora de la madre naturaleza. ¡Aquella bicicleta costaba 5.500 Euros! casi un millón de pesetas. Me quedé sin habla y cuando apenas sacaba la cabeza del agua para respirar llego la segunda de la serie: el equipamiento: 300 Euros un casco, 300 Euros una especie de armadura para proteger la espalda y los hombros, 200 más protecciones para las piernas y el cóxis, los guantes, otro 100 las playeras especiales, 50 la máscara como la de la nieve. Otros 150 de ropa.

El vendedor le recomendó entonces un dispositivo de protección para no romperse el cuello en caso de caía que cuesta: 500 Euros. Total: 7.100 Euros: un millón ciento ochentamil pesetas. Al borde de la muerte y con un respingo me incorporé y mirando fijamente al vendedor le pregunté indignado ¿pero que es lo que está usted diciendo?

Alan me miró con estupor mientras el comercial calibraba la situación. Al parecer el Audi A4 aparcado en la puerta y el traje que vestía habían llevado a aquel majadero a pensar que en vez de un simple ingeniero por cuenta ajena con un sueldo de 21.000 Euros al año, casado hace 4 años y deudor de una hipoteca de 30 millones de pesetas con el Euribor a 5.54%, en vez de eso digo, yo era el mismísimo Aristóteles Sócrates Onasis y no es que en casa vivamos justos, simplemente como todo quisqui.

Automáticamente el vendedor ofreció materiales de otro rango de precios como alternativa que en conjunto y sumando llevaron el montante a una cifra de 3600 Euros eso si insistiendo el muy hijo de la gran Bretaña en que el modelo de bicicleta propuesta era la gama más baja de lo que se podía elegir como modelo de “descenso” lo cual por supuesto desilusiono a Alan.

Evidentemente aquello era algo absurdo. Siempre he optado por inculcar a mis pequeñuelos los valores del deporte, el trabajo la vida sana y todo eso, pero de ahí a que montar en bicicleta se convierta en un gasto que supone más de tres sueldos íntegros de mi trabajo va un trecho. Un trecho muy largo que salvo que entre en la locura esa de pedir un crédito, que ya no dan, para comprar toda esa cacharrería. Ni siquiera creo que sea recomendable poner en manos de un chaval de 13 años semejante festival de consumismo, no sin antes enseñarle el valor del trabajo y de ganarse las cosas por uno mismo. Sin ser un rata vamos, pero sin convertir al niño en un niñato de esos que todo lo quiero todo me lo dan.

Salimos de la tienda con algunos catálogos que Alan estudió con interés y mientras conducía a mi casa en Sopelana pensé en silencio: el equipo de Ski son 300 de tabla otros 600 de ropa y unos 200 de botas todo de Burton, osea de nivel, total unos 1100 y no parece que tenga tantas piezas que se puedan romper.

La tabla de surf shapeada a mano me salió por 300 Euros, otros 350 un traje XCell 4/3 pata negra, caprichito que aquí hace un frió que pela en Enero, y 150 de escarpines, invento guantes gorro y parafa. Total 800 y las olas gratis, a lo sumo la tarjeta de metro para el peque.

Osea Snowboard: 1100, surf 800 bicicleta 3600. Es decir con lo que me cuesta el equipo de bicicleta “freeraid” de Alan pongo a toda la familia a surfear con equipo nuevo pata negra o nos vamos a estrenar tablas a la nieve de Baquiera en invierno y si lo comparo con el presupuesto de los 7100 Euros nos vamos a Aspen, Colorado a pasar las navidades con tio Alan. Alan, Alan fíjate tu.

Hecha la composición de lugar vi que hacer desistir a Alan de aquello iba a ser complejo así que pensé que lo mejor era hacer una reformulación positiva además de incautarme cautelar y subrepticiamente de aquella revista “Wallride Magazine” que en mala hora entró en esta casa. La quemé en el jardín junto a la hojarasca del Otoño.

Desviando su atención pero sin intentar manipularle logré que el mismo se diera cuenta y esto es parte del éxito de esta misión, que practicar un deporte no tiene porqué empezar por empeñar hasta la honra de mami haciendo la esquina, para pagar una puñetera bicicleta que cuesta más que mi Kawasaki de 250 cc.

Así que una vez enfriada un poco la situación y con la perspectiva de los Reyes Magos de Oriente, Alan optó por el surfing, lo cual fue por cierto una alegría porque ya tenía la excusa perfecta ante su mamaíta para largarme los Sábados a la playa con el peque y coger olitas los dos. No obstante y como aquello de la bici me intrigó decidí investigar y descubrí de la mano de mi compi de trabajo que existían bicicletas mucho más accesibles, sin tanto boato tecnológico.

Acabé por entender las diferentes disciplinas y modalidades y consulté alguna de esas revistas. Al final comprendí de que iba todo aquello: de desplumar a unos padres trabajadores, en el país con mayor endeudamiento familiar del mundo que se sitúa delante de la mayor crisis de su historia a base de llenar la cabeza de pájaros a los crios haciéndoles esclavos del consumismo y adoradores de bicicletas de oro en vez de deportistas. Supongo que para que aquel modelo de la revista sigua viviendo del cuento sin dar un palo al agua.
Hoy es Sábado y salimos Alan y yo de darnos un bañito en Plencia con las tablas. Nunca hemos vuelto a hablar de tablas o de trajes, tan sólo de olas, de aquella que ha cogido o de la saltada que el condenado me ha pegado, pero es lo que tiene a papi se le cae la baba de que le salte su retoño. Creo que es feliz, ¿qué más se puede pedir? Bueno tal vez este año le compre una bici para que pueda darse una vuelta por los acantilados de la playa para ver como está el mar o se vaya de ruta con los del club de mountain bike del pueblo. Al parecer aquello del “descenso” era un deporte para padres (ricos) no para niños.

 
Ps:

El padre de Alan no llegó nunca a saber para su descanso mental de la que se había librado. A todo aquello había que añadir que las bicicletas de descenso en su mayoría duran a los sumo dos temporadas, que los fabricantes suelen cancelar las garantías del chisme si el peque va a las carreras, hay que pagar el mantenimiento, piezas rotas, y demás imponderables, en conjunto más caro que mantener un Mercedes C240 como demostraremos en próximas entregas de Yeah-Cool!!!!!!

20 January, 201020 January, 2010 0 comments Rutas Rutas

Pensaba que fue hace 2 años, pero no fue en 2006, ¡¡hace 4 años!! que fui a la última marcha de Berriz, casi tres años, 1 de lesión y 2 de "mundofriki" en los que salvo una marcha de Ermua y otra de Picos De Europa, 10 salidas por mi zona no he dado un pedal monte arriba.

No podeis imaginar como me ha resultado el reencuentro con el ambientillo de las marchas, recorrer pistas y senderos por primera vez, bajar por el barro sin saber que hay detrás de cada curva, el buen ambiente de los participantes y la organización, el bocata y el caldo al final.

Me encontré con unos cuantos amigos, y fue como si todo se hubiera quedado en pausa y la cinta del vídeo volviera a avanzar. Una gozada...aunque bueno algo bueno ha tenido el frikismo y es que a pesar del barro este año he bajado todo cómodamente, en tando que aun recuerdo lo mal que lo pasé en 2006.

Moraleja: Curioso deporte el BTT que tantas caras tiene y tan diferentes.

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